Después de meses de planificación, evaluación y gestionar múltiples responsabilidades, el verano se convierte en una oportunidad única para restaurar la energía, el agotamiento mental y reactivar la creatividad pedagógica.
Este artículo propone una mirada práctica y reflexiva sobre cómo pueden fortalecer la creatividad y el bienestar docente durante el verano.
El primer paso para la creatividad es el descanso intencional. Durante el año escolar los docentes trabajan bajo niveles altos de estrés, por eso, es necesario darle al cuerpo y a la mente un espacio para la recuperación. Esto incluye, dormir bien y reducir el uso de la computadora o descansar unos minutos al día.
Luego del descanso, conviene reconectar con la identidad personal. El verano nos provee el espacio para reflexionar sobre quiénes somos más allá de nuestro rol como docentes. Retomar pasatiempos como la lectura y la escritura creativa o redescubrir los intereses personales que nos motivan son actividades claves para conectar con la identidad que nos define y con aquello que nos causa placer.
Por otro lado, realizar actividades recreativas contribuye a reducir el estrés y potenciar la creatividad. Para el bienestar docente las actividades como caminar, correr, viajar y estar en contacto con la naturaleza son ideales para liberar el estrés y mejorar nuestra calidad de vida.
Ningún docente puede ser creativo en estado de agotamiento, por ello, el cuidado socioemocional es fundamental para la energía creativa. Practicar la meditación o mindfulness, el ejercicio físico, las actividades acuáticas ayudan a fortalecer la salud emocional albergando paz y felicidad en nuestro ser.
Otra forma de recargar energía durante el verano es el aprendizaje por placer. Durante el año escolar la formación profesional se enfoca en cumplir objetivos. Existen opciones como tomar cursos en línea, explorar nuevas metodologías educativas y tecnológicas o leer textos literarios y/o pedagógicos. El aprendizaje autónomo renueva la pasión por la enseñanza y las estrategias innovadoras.
El verano tiene que ser una pausa significativa; con propósito. Es el espacio y tiempo perfecto para crecer, priorizar el bienestar, fortalecer la creatividad y transformar la mente para regresar a clases en condiciones óptimas.
Por Linda Ojeda
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