Evelyn Silva

Las fiestas y tradiciones son eslabones importantes en la formación de las culturas. Las celebraciones nos conectan con una parte desconocida de nuestra historia y nos hacen revivir tradiciones. Las Parrandas de Remedios es una de las celebraciones más antiguas de la historia de Cuba. Situado en al noreste de de la provincia de Villa Clara, Remedios fue la octava villa fundada por los españoles en 1513. Sus calles adoquinadas atesoran siglos de historias y leyendas.

Las Parrandas de Remedios tuvieron su comienzo en el siglo XVI de la mano del sacerdote católico Francisco Vigil de Quiñones. El sacerdote, preocupado por la ausencia de fieles a la Misa del Gallo, decidió que los jóvenes del pueblo salieran a las calles con  silbatos y haciendo todo tipo de ruido con pequeños botes de metal para que los parroquianos se despertaran y asistieran a la celebración religiosa. Es una auténtica tradición que ha logrado mantenerse a través de los siglos gracias a una continuidad generacional. Es por ello que las Parrandas es, además, una de las tres fiestas nacionales más importantes  junto a los Carnavales de Santiago de Cuba y las Charangas de Bejucal.

A partir del 16 diciembre y hasta el amanecer del 25 de diciembre, los remedianos se lanzan a las calles para disfrutar de un festival que atrae a turistas nacionales e internacionales. Durante estos días, la ciudad se divide en dos bandos representantes los barrios más populosos de la villa: El Carmen y San Salvador. Para representar al barrio El Carmen, “los carmelitas” como suele conocerse a sus habitantes, usan el color marrón y son identificados con un gavilán. Por su parte, “los sansaríes”, vecinos de San Salvador, se identifican con los colores rojo y azul y el gallo es su símbolo de identificación. Por doce meses, estos dos vecindarios se preparan para lo que será el desafío final durante el 24 de diciembre. Artesanos y artistas trabajan en el más completo hermetismo en el diseño de las carrozas, faroles, fuegos artificiales y trabajos de plaza que adornan el parque central de la ciudad situado justo enfrente de la iglesia Mayor.

La música típica durante estos días conocida como repique y en un elemento fundamental de las parrandas. El repique se consigue a partir del tañido de rejas, tambores, cencerros y trompetas que recrean el repicar de las campanas de la iglesia llamando a misa. De la misma manera, el ruido de las bengalas y fuegos artificiales, acompañan el desfilar de las carrozas. Estas últimas, las carrozas, son diseñadas por artesanos que combinan el papier maché y el yeso para deleitar a los espectadores con historias y muñecos estáticos. Los trabajos de plaza y las carrozas muestran la destreza de los artistas y un derroche que talento y arte que es premiado por la opinión del público el último día de las festividades.

Aunque no hay ganadores oficiales, cuando culminan las Parrandas, se puede escuchar a los transeúntes hablar y cuestionar críticamente los juegos de luces, el vestuario de los personajes de las carrozas, la calidad de los trabajos de plaza o el estrepitoso ruido de cohetes y fuegos artificiales de uno u otro bando. La lluvia de bengalas pone fin a largos meses de preparación.

 

 

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