Por – Linda Ojeda

Antes de la pandemia del COVID-19 muchas universidades y escuelas ofrecían cursos a distancia, sin embargo, pese a todos los adelantos tecnológicos es notable que la transformación digital le falta un largo camino por recorrer. Y es que, aunque existan las herramientas tecnológicas, muchos educadores y estudiantes solo poseen los conocimientos básicos en el uso de los dispositivos, pero no así en el manejo de las plataformas educativas. Ante la urgencia de continuar con los procesos de enseñanza, la educación ha tenido que recurrir, de forma abrupta, a impartir clases mediante videoconferencias, grabar videos de instrucción didáctica y utilizar plataformas educativas para cumplir con este propósito.

Algunas instituciones educativas han tenido que invertir a toda prisa en la compra de equipos tecnológicos para que, tanto los maestros como los estudiantes puedan seguir con los procesos de enseñanza mientras continúe la pandemia. Además, han tenido que capacitar, en remoto, al personal docente para que pueda aprender a utilizar de manera efectiva todas las aplicaciones y recursos que están disponibles para este fin. No ha sido tarea fácil; enfrentar los desafíos de la educación en línea implica nuevos retos tanto para el docente como para el estudiantado. 

Existen diversos factores que interfieren en el proceso de educación a distancia relacionados con el entorno familiar del estudiante. Por ejemplo, la desigualdad socioeconómica de muchos estudiantes no les permite tener acceso directo a la tecnología y/o recursos didácticos. Otro desafío, es que muchos padres trabajan y no pueden supervisar o darle seguimiento a las tareas de sus hijos. Además, el tener que lidiar con las diferentes distracciones como lo es la televisión, la música, los videojuegos o las situaciones familiares que pueden surgir, impiden que la educación remota sea tan efectiva como la presencial.

Los educadores, también, tienen que enfrentar algunos retos, por ejemplo: aprender a utilizar la plataforma y las aplicaciones que el sistema educativo les provee; diseñar, planificar o grabar las clases que imparten; realizar videoconferencias; crear tareas en la plataforma educativa; evaluar tareas y lograr que estas sean justas y equitativas; promover la honestidad en sus estudiantes para evitar que se copien las tareas; mantener comunicación constante con sus estudiantes y con los padres, entre otros.

Está claro que la educación a distancia jamás será tan efectiva como una clase presencial, sin embargo, hay que reconocer que la educación remota permite la flexibilidad de enseñar y aprender desde cualquier lugar y en cualquier momento. Enfrentarse a los cambios, abruptamente, puede causar ansiedad e inseguridad, pero ya existen guías explicativas y cursos para ayudar a los docentes y los alumnos en este proceso de transición a la nueva era del aprendizaje. Tenemos que adaptarnos a estos nuevos retos y cambios porque la educación remota llegó para quedarse por un largo tiempo.    

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